domingo, 31 de enero de 2010

¡Cómo hemos cambiado!

Sea o no así, a nuestros ojos, el tiempo pasa.
Internet es muy útil, especialmente para encontrarte con personajes de tu pasado y poder ver cómo les va ahora. Me encanta ver lo bien que les trata la vida a las personas que en algún momento se cruzaron en la mía; incluso a las que me hicieron daño, seguro que sin quererlo. No soy persona rencorosa y, menos ahora, viendo que mi feliz situación actual es fruto del cúmulo de azares que han jalonado mi pasado.
Si alguna vez estuve tentado de pensar que había errado en decisiones que podían afectar a otros, ahora creo sinceramente que no fue así y eso me reconforta.
No pretendo con esto reconciliarme con el mundo. Si alguien me odia, y eso le llena, odiéseme, pues.
Pero no, yo no.

sábado, 30 de enero de 2010

¿Hace ruido un árbol al caer, si no hay nadie para escucharlo?

EL ÚLTIMO

            “Ya sólo quedo yo. Toda la gente de mi tribu ha muerto. Los vi morir a todos, uno por uno. Y ahora sólo quedo yo. Soy el último ser humano sobre la Tierra, pues nadie hubo nunca fuera de mi tribu y con nadie nos encontramos jamás.
            La montaña dice que si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para escucharlo caer, no produce ruido alguno.
            La montaña dice que el último hombre no puede morir nunca, pues no hay nadie que pueda sentir su muerte, escuchar sus últimas palabras y preparar su mortaja.”

            Descendí con mi nave sobre un claro del bosque, al pie de la gran montaña. El sol estaba bajo y corría una suave brisa otoñal. En seguida lo vi. Su figura se recortaba sobre la baja  vegetación. Estaba sentado y me miraba. Sus ojos reflejaban serenidad y mucha sabiduría. Llegué a su altura y me acuclillé para hablarle. Entonces me dedicó una mirada de arriba abajo, a modo de aprobación.
            - Llevo tiempo esperándote –dijo con amargura en el alma.
            -¿Quién soy? –le pregunté.
            - Eres mi salvador- murmuró mientras se apagaba la luz de sus ojos.

           
                                                   Guillermo Olivares, enero de 2004

lunes, 2 de marzo de 2009

Breve historia de casi todo

El último libro que he leído es la "Breve historia de casi todo", de Bill Bryson. Tenía que venir un escritor de libros de viajes para contarnos, con un lenguaje verdaderamente llano y accesible, conceptos de la ciencia que los "divulgadores científicos" nunca consiguieron hacernos entender.
Esta obra hace un recorrido subjetivo por la historia de la ciencia, dándonos datos, muchos datos, y anécdotas. Claramente es un libro lleno de anécdotas, que consigue que el lector se enganche a base de contar datos curiosos de las biografías de los grandes nombres de la ciencia y de otros que no lo fueron tanto. Conserva, sin embargo, un rigor constatable en todo momento que nos recuerda que la ciencia puede ser tan entretenida como una buena novela de aventuras.
Después de haber leído a Darwin, Einstein, Sagan, Hawking y tantos otros, no viene mal este soplo de aire fresco que nos acerca, además, a la cara humana de los grandes científicos de la historia de la humanidad.
Altamente recomendable para los que tengan un mínimo de curiosidad hacia lo que les rodea y, por supuesto, quieran pasar momentos muy, muy entretenidos.

martes, 13 de enero de 2009

Recuerda, recuerda

Cada día es peor. Y lo peor es cuando lo admite, no cuando lo ignora. ¿Qué hice ayer? ¿Qué lugares visité? No lo recuerda. Se angustia, se angustia aún más. ¿Qué me está pasando? No lo sabe. Me duele el cuello, será por eso. Recuerda, recuerda, recuerda, pero no, no puedo, por más que lo intento, no puedo. Y se angustia aún más. Nunca quise llegar a esto, prometí que no lo permitiría, pero ha llegado y ahora no puedo, no puedo, no. ¿Cuánto falta? ¿Cuánto falta para que no me reconozcas? Quiero ser tu guía, pero me duele tanto que no sirvo. El cinturón de seguridad, la llave de la luz, la cocina, el baño, el dormitorio, el teléfono, mi sitio en la mesa, … ¿Qué son estas cosas?

miércoles, 30 de enero de 2008

Filtraciones



Aquella noche, después de la cena, Lily y Paul se acostaron pronto. Ya en la cama, Paul intentaba dormir, pero Lily no tenía sueño.

-Paul, cariño.
-¿Sí?
-¿Tú sabes qué es la muerte?
-¿Dónde has oído esa palabra?
-¡Qué importa! El caso es que la he oído. Me han dicho que era algo que había antes y que era terrible. Hacía desaparecer a las personas.
-Sí, algo así he oído yo también. A mí me contaron que hace muchos años las personas vivían menos de cien años y luego desaparecían.
-¿Desaparecían? No lo entiendo.
-Se extinguían, dejaban de vivir. Sus cuerpos se descomponían y desaparecían.
-¡Dios mío, eso es terrible! ¿Te imaginas las vidas de aquellos pobres infelices, desapareciendo con menos de cien años?
-Te tengo dicho que no me gusta que emplees ese tipo de expresiones.
-Me gusta utilizar expresiones antiguas.
-Si ni siquiera sabes lo que significa.
-Pero a mí me suena bien.
-Haz lo que quieras, pero evita usarla en público, ¿quieres?
-De acuerdo. Pero volviendo al tema, ¿imaginas cómo podían vivir esas vidas tan efímeras, sabiendo que su fin estaba tan cercano; cómo podían ser felices en tan corto espacio de tiempo…?
-Serían felices a su manera. Ten en cuenta que ellos no conocían otra posibilidad. Imagino que trataban de vivir aprovechando al máximo cada momento. Algunos incluso, según me han contado, tenían la creencia en una vida posterior, para poder hacer ésta más llevadera.
-Sigo pensando que no tenían tiempo para nada. Tú y yo llevamos apenas quinientos años juntos y aún no te conozco del todo.
-Sus vidas quizá fueran más intensas. Debían serlo.
-Debía ser angustioso, saber que tu final está tan cerca. No, no me entra en la cabeza.
-Está bien cariño, duérmete ya. Mañana hay que ir a trabajar.
-No, todavía no. Aún queda algo pendiente. Si morían, ¿cómo mantenían el nivel de población?
-Creo que ellos mismos creaban otros individuos, utilizando el sexo. De esa forma mantenían un cierto equilibrio. Pero no me preguntes cómo, porque ya no sé más del tema. Bueno, sí. Se comenta que los individuos nuevos eran muy pequeños al principio, y torpes, muy torpes, hasta el punto de que no sabían hablar y ni tan siquiera se mantenían en pie. Creo que les llamaban…niños.
-Tuvo que ser una época dura…
-Diferente, sólo eso. Buenas noches Lily.
-Buenas noches, Paul.


Cuento extraído del libro “Crónicas de la Eternidad”

EL RELOJ UNIVERSAL


A Alberto le gustaba salir a pasear los domingos con su padre y visitar el rastro de su ciudad. El progenitor, aficionado a las antigüedades, gustaba de merodear los puestos que, en plena calle, ofrecían mercancías usadas, deterioradas por el paso del tiempo, y casi siempre acababa comprando algo, aunque la mayoría de las veces el final de estos objetos fuera el cubo de la basura, ya que cada vez que volvía a casa con un nuevo trasto, su mujer se irritaba por la inutilidad de la adquisición.
Apenas tendría ocho años, cuando una de esas mañanas en las que padre e hijo deambulaban por las callejuelas atestadas de vendedores que desparramaban sus mercancías sobre la acera, Alberto se quedó rezagado viendo un enorme gramófono de madera, mientras el padre continuaba la marcha sin percatarse. De pronto, una mano se posó sobre su hombro. El niño se giró y vio a un anciano con gesto amable, que le sonreía. El viejo sacó de un bolsillo un pequeño y feo reloj de cadena, con la esfera rayada y evidentes signos de deterioro por el paso del tiempo. Sus agujas marcaban una hora que no era la correcta en aquellos instantes, pero por lo menos pudo advertir que el segundero se movía.
-¿Te gusta? –preguntó el anciano.
-No, es muy feo y está muy viejo –contestó Alberto con cara de disgusto, dándole a entender al viejo que no pensaba darle nada por ese cacharro.
-Este reloj es para ti, Alberto, no tienes que darme nada por él.
-¿Cómo sabe mi nombre? –espetó sorprendido el niño.
-Yo sé muchas cosas, hijo. Ahora no tengo tiempo de explicarte por qué sé cómo te llamas y muchas más cosas de ti. Te quiero confiar este reloj, que aunque parezca feo y viejo, es el reloj que rige el Universo, por lo que si dejas que se pare, el Tiempo se detendrá. Nadie deberá saber nunca que lo tienes y sólo tendrás que preocuparte de darle cuerda una vez al año, cada siete de febrero, el día de tu cumpleaños. Si algún año dejases de hacerlo, automáticamente se pararía y las consecuencias serían imprevisibles.
El niño escuchó las instrucciones del anciano con gran atención y perplejidad. En su mente de ocho años, le empezó a resultar atractiva la idea. Iba a ser el guardián de un pequeño tesoro, de un gran secreto. Alargó su mano y lo cogió. Lo volvió a mirar y entonces ya no le pareció feo. Sintió que tenía algo muy valioso entre sus pequeños dedos.
El viejo, con el semblante de la misión cumplida, le dedicó una última sonrisa y se dio media vuelta, dispuesto a perderse de nuevo entre la multitud. Pero antes, Alberto le lanzó una última pregunta:
-¿Cómo puedo saber que todo esto es verdad, que no me está engañando?
-Debes tener fe –contestó el anciano mientras se alejaba- Debes tener fe.
Miró el reloj por última vez y después lo guardó en un bolsillo. Al momento, sentía la mano de su padre que lo asía con fuerza, recriminándole el hecho de haberse perdido de su vista.
No volvió a ver al anciano. Sintió que una gran misión se le había encomendado y que una enorme responsabilidad, impropia de su edad, había caído sobre su persona. Pero no la eludió y, cada año, por su cumpleaños, reservaba unos momentos de intimidad para darle cuerda al Reloj del Universo, como él le llamaba. Era su gran secreto y se convirtió en un ritual casi mágico. A veces, se pasaba horas pensando qué pasaría si el reloj se paraba, y se imaginaba el Universo entero detenido, congelado, y un escalofrío recorría su espalda.
La niñez dejó paso a la adolescencia y ésta a la juventud, y ésta a su vez a la madurez, y cada año que pasaba, las dudas cobraban más fuerza en la mente de Alberto.
Hasta que llegó el día de su treinta y cinco cumpleaños. Era jueves, laborable, por lo que llegó a casa tarde, después del trabajo. Estaba cansado, se sentía solo, y era su cumpleaños. Todavía no había conocido a nadie que quisiera compartir su vida con él, y esto empezaba a agobiarle. Su familia, lejos; sus amigos, demasiado ocupados. Era uno de esos días en los que la soledad te aprieta el cuello y apenas te deja respirar. Por ser la fecha que era, quizá, hizo un pequeño balance mental de su vida hasta ese momento. Su insignificante puesto en la fábrica no justificaba los años que había sacrificado dedicado a los estudios. Sus amistades, más falsas que Judas, no le satisfacían lo más mínimo. Además, como la mayoría había conseguido el éxito profesional y disfrutaban de una estupenda relación de pareja, cuando se reunían no hacían otra cosa que hundirlo más aún en la miseria más absoluta.
Con este panorama, Alberto cenó una pizza congelada y calentada en el microondas y se fue a acostar. Ya estaba sobre la cama cuando recordó su misión: Faltaba poco para la medianoche y debía darle cuerda al maldito reloj. Se quedó mirándolo, como antes no lo había hecho nunca. Realmente era un asco de aparato, ya que ni siquiera daba la hora real. Había sido un símbolo durante muchos años, romántico, pero ya era hora de madurar. Ya no se tragaba el rollo del reloj universal. Su razón le decía que todo eso no era más que una estupidez y que, gracias a que lo había guardado en secreto, nadie se había mofado de su ingenuidad.
Lo arrojó al fondo del cajón con desidia y se metió en la cama. Se estaba quedando dormido cuando volvió a su pensamiento: “lo que sí es curioso es que dándole cuerda sólo una vez al año, no se pare” Eso era algo en lo que nunca había caído, y sin embargo era tan obvio… y tan extraño al mismo tiempo. ¿Y si aquel viejo loco tuviera razón? ¿Qué ocurriría realmente si se parase el tiempo? ¿Se acabaría el mundo? ¿Tendría la oportunidad de rectificar? De repente todo esto supuso demasiada responsabilidad para su aniquilado estado de ánimo, así que abrió el cajón, cogió el reloj y le dio cuerda, mientras pensaba: “el año que viene ya me lo plantearé otra vez”

Por un año más, por lo menos, el Universo estaba a salvo.



Guillermo Olivares, noviembre de 2002

jueves, 10 de enero de 2008

Vuelven los creacionistas

Dada la complejidad del cerebro humano, en verdad no me extraño de todas las ideas que puede albergar. Un cerebro fruto de millones de años de mutaciones que se ha ido adaptando al medio bajo la premisa de la selección natural.
Si el bueno de Darwin levantara la cabeza, se lamentaría al comprobar que, en pleno siglo XXI, y como consecuencia del renacimiento del fundamentalismo religioso, existe todavía un importante movimiento creacionista que sigue cuestionando de forma medieval la Teoría de la Evolución de las Especies.
Yo mismo, cuendo era mucho más joven que ahora, me resistía a creer que la existencia de algunas adaptaciones al medio increíblemente perfectas pudieran ser fruto de mutaciones aleatorias o accidentales. Realmente es muy tentador pensar en lo que se ha denominado un "diseño inteligente" para explicar ciertas características de los seres vivos que dan la impresión de haber sido "creadas" con una clara intencionalidad.
El problema radica en comprender que estas mutaciones totalmente aleatorias se han producido en un intervalo de tiempo tan vasto como para que hayan tenido lugar un número finito, pero increíblemente alto de ellas. De hecho, cada una de las adaptaciones al medio de cualquier ser vivo de este planeta que se pueda contemplar actualmente, posee un grado diferente de "perfección", lo que confirma la aleatoriedad del proceso evolutivo.
Sin duda, hay que respetar las diferentes opiniones, pero cuando hablamos de ciencia, una hipótesis se convierte en teoría cuando logra demostrarse empíricamente. No todos los temas son opinables y la ciencia, afortunadamente, no es una cuestión de fe.

martes, 4 de diciembre de 2007

La felicidad absoluta existe

El sábado nació Dylan y sí, fue la experiencia más intensa de mi vida. Siento que mi vida no hubiera sido plena si no hubiese vivido este momento. Ya sé que la Tierra es un planetita muy pequeño en la inmensidad del cosmos aparentemente desprovisto de otro tipo de vida y que sucesos como éste no alteran el orden del Universo, pero hoy me siento un poco dios, habiendo planeado y creado una vida.
Y todo esto ha sido posible gracias a Lía, la mujer más increíble que he conocido nunca y que tuve la suerte de conseguir que se enamorara de mí. Con ella todo es más fácil, todo es más humano, más real y a la vez más idílico.
Ahora lloro de felicidad como nunca antes lo había hecho, porque tengo todo lo que podría haber deseado, y todo se lo debo a ella.
Gracias amor mío.

sábado, 3 de noviembre de 2007

A mi padre

Probablemente nunca leas esto y, hasta creo que será mejor.
Me enseñaste a ir en bici, ¿te acuerdas? Sí, probablemente de eso sí te acuerdes, porque hace ya muchos años que ocurrió.
Contigo he subido montañas, he aprendido a hacer muchas cosas, entre otras a ser un buen hombre. Siempre fuiste para mí el mejor apoyo, el hombre que todo lo arreglaba, tenaz, que no se rendía ante nada.
No puedo decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque ahora estoy viviendo un momento personal muy bonito, con esta segunda oportunidad que me ha dado la vida para ser feliz y crear una familia, pero desgraciadamente, el tiempo ha hecho mella en ti y eso me duele. Me duele verte con esa mirada perdida, incapaz de realizar tareas simples que antes solventabas sin problemas. Me duele cuando te pierdes, o cuando no eres capaz de seguir una conversación normal.
El tiempo pasa y todo cambia, sólo que algunas cosas duelen más que otras.

domingo, 10 de junio de 2007

"No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.
Aunque los sabios entienden al final que la oscuridad es lo correcto,
Como a su verbo ningún rayo ha confiado vigor,
No entran dócilmente en esa buena noche.
Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola
Por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber danzado en una verde bahía,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.
Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,
Y advierten, demasiado tarde, la ofensa que le hacían,
No entran dócilmente en esa buena noche.
Y los hombres graves, que cerca de la muerte con la vista que se apaga
Ven que esos ojos ciegos pudieron brillar como meteoros y ser alegres,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.
Y tú, padre mio, allá en tu cima triste,
Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz"

Dylan Thomas
Dedicado a una amiga que no me lee nunca

viernes, 25 de mayo de 2007

Día del orgullo friki

El término friki sigue teniendo connotaciones negativas para la mayoría de nosotros y, sin embargo, está de moda. Todos alardeamos de tener un amigo o un conocido friki y contamos su rareza con la esperanza de que sea más rara que la de los demás. Pero, ¿cómo nos atrevemos a etiquetar a alguien como raro?
Yo, de adolescente, coleccionaba insectos y siempre que podía salía al campo con mi cazamariposas. Luego me encerraba en casa y las disecaba con precisión de artesano forense.
Más adelante, me dio por los reptiles y llené mi casa de sepientes y lagartos, para terror de mi sufrida madre y todos los jueves me reunía con otros muchos como yo para dar rienda suelta a nuestra "afición".
Quizá haya sido friki y, simplemente, ahora no tengo tiempo de serlo. ¡Vaya por dios, qué asco de vida que uno no puede ni cultivar su rareza!

Feliz día del orgullo friki a todos.

lunes, 23 de abril de 2007

Se fue ( Para David y Ana)

A veces la vida nos pone a prueba.
Es entonces y sólo entonces cuando de verdad se necesitan los amigos y cuando tenemos que ser fuertes para superar lo que el azaroso destino nos depara a cada instante.
Porque realmente somos frágiles como hojas que mece el viento y efímeros como un suspiro en la eternidad.
Se fue tan rápido que no pudimos verla, pero siempre la recordaremos.

martes, 17 de abril de 2007

Química

¿Existe la media naranja?
¿Cuándo sabes que la has conseguido?
El amor verdadero llega, o no, aunque a veces lo hace y no nos damos ni cuenta.
En todos estos años he visto muchas rupturas. Algunas de ellas nunca las entendí y otras eran inevitables. ¿Qué buscamos realmente en el otro? Empatía, pasión, sintonía, sexo, comprensión, ... ¿química?

Si crees que te llegó el amor verdadero, lucha por él.

domingo, 1 de abril de 2007

Miedo a la muerte

¿Tenemos todos miedo a la muerte? Quizá los que creen en una vida después, no deberían temerla. Los que tememos, ¿somos más débiles? ¿más cobardes? Algunos pensamos que no, que es de valientes afrontar nuestro destino y tener miedo, pánico, antes que ignorarlo o camuflarlo con creencias esperanzadoras.
Obviamente y, por otro lado, cuando mejor se vive, o cuando más feliz se es, debe ser cuando más nos aferremos a esta existencia. Esto nos sirve a algunos para "medir" nuestro grado de felicidad en cada momento.
Mi padre no teme a la muerte y "sabe" que no hay nada. Quizá cuando yo tenga setenta y seis años me ocurra lo mismo. Espero sinceramente que así sea.

martes, 27 de marzo de 2007

El ciclo vital

Voy a ser padre. Nos enteramos el viernes y todavía no me he hecho a la idea, aunque tengo nueve meses para hacerlo. Parece lo normal, continuar con el ciclo vital y reproducirse, pero para mí ha sido un largo camino lleno de obstáculos hasta encontrar la persona y el momento adecuados.
Espero ser un buen padre y criar a una buena persona.

miércoles, 21 de marzo de 2007

“Everland no está en ninguna parte, Everland somos nosotros, allá donde vayamos. Somos los elegidos y quizá seamos los únicos. Debemos perdurar y seguir adelante, hacia el infinito y más allá. No debe haber fronteras para nosotros, más que nuestra propia sabiduría que, por desgracia, sigue siendo limitada.
Cuando todo acabe, seguiremos”.

De “Everland, crónicas de la eternidad”

martes, 20 de marzo de 2007

Cosas grandes y pequeñas

Decididamente hoy no es un buen día para mí. Aunque martes, primer día de la semana para los que vivimos en Valencia, con lo que conlleva. Mucho frío, cosa que hace que mi trabajo de las 5 de la mañana resulte más fastidioso si cabe. La grúa se me lleva el coche y tengo que ir a recogerlo y pagar el rescate, que para alguien pobre como yo, es un quebranto bastante importante. Por la tarde, voy hasta el estudio para abrir como todos los días y sólo cuando llego y aparco me doy cuenta de que me he dejado las llaves en casa. Tengo que volver, lloviendo, corriendo, para llegar tarde y abrir la tienda a la que por otro lado no creo que entre nadie hoy con el día de perros que hace.
LLego y me llama mi madre, que el domingo enterraron a la señora María, nuestra vecina de toda la vida, la madre de Quique y Fernando, mis mejores amigos y vecinitos de la infancia. Que el cáncer estaba demasiado extendido, que la abrieron y la volvieron a cerrar porque no había nada que hacer y el sábado se nos fue para siempre. Ni siquiera pudo despedirse de su querida vecina Jacoba, que estaba de viaje del imserso.
Me quedo en silencio (para mí acaba de morir ahora mismo) y recuerdo escenas de hace muchos años, cuando venía a vernos a casa y le daba conversación a mi madre mientras cosía. O cuando me mandaban a su casa a pedir sal, o una botella de leche, o una tacita de azúcar.
Y la vida es esto, pequeñas y grandes cosas.
Estoy triste, y ya no me acuerdo de la multa.

domingo, 18 de marzo de 2007

Quiero mucho a mis amigos y creo que ellos lo saben. Los quiero tal y como son, con todos sus defectos igual que ellos sé que hacen conmigo. Y, de vez en cuando, hacen tonterías. Bueno hay alguno que últimamente hace tonterías casi todo el tiempo. Mis amigos creen que soy muy sincero con ellos, que siempre les digo lo que pienso de ellos e incluso alguno me confiesa que es lo que más le gusta de mí. No es absolutamente cierto. Me guardo cosas. Si dijera todo lo que pienso de cómo llevan sus vidas, de sus hábitos, de sus meteduras de pata, de sus posturas, creo que pensarían que me estoy entrometiendo y probablemente me querrían menos.
Quizá me sienta con alguno como el hermano mayor que no tiene y quizá debería ser más duro y hacer bueno el dicho de "quien bien te quiere...", pero por otro lado pudiera tener razón Serrat en la canción y debería dejar que decidan por ellos y que se equivoquen.
En fin, son mayorcitos y dueños de sus actos y, si se estrellan, siempre me tendrán a su lado para consolarles.

sábado, 17 de marzo de 2007

Nostalgia

“Anoche estuve mirando por el telescopio. Se me hizo de día. Dirigí mi búsqueda hacia la gigante roja y la contemplé durante horas. Nunca pensé que viviría más que él.
Luego, busqué el lugar donde había estado mi amado planeta. Qué gran vacío. Tampoco estaban ya por supuesto Venus, ni Marte, ni tan siquiera el gigante Saturno. Contemplé Júpiter y sus lunas con pesimismo, quizá por última vez.
El universo sigue su expansión, unas estrellas nacen y otras desaparecen. Este sistema dicen que puede durar unos tres mil units más, pero pasado ese tiempo, tendremos que buscar otro hogar. Nos hemos convertido en nómadas, nómadas del espacio”…

De “Everland, crónicas de la eternidad”

viernes, 16 de marzo de 2007

Presentación

Hola a todos los que me lean. Siempre quise disponer de una tribuna donde verter mis comentarios a modo de columnas periodísticas y el blog es un formato ideal para ello.
No voy a olvidar "Everland" y publicaré fragmentos, así como algún cuento.
También prometo añadir fotografías de vez en cuando.
Saludos a todos.